jueves, 14 de agosto de 2014

La voz del Odio.

Renunció a lo que más quería por miedo, miedo a fracasar de nuevo, miedo a volver a sufrir…
No supo como reaccionar y decidió ceder, no seguir luchando, dejarse ganar…
Y así fue como lo perdió todo, no hay día que no se arrepienta de la decisión que tomó…

Realmente todo esto viene de hace tiempo atrás, de cuando empezó a confiar en los humanos, esos seres que no ansían más que el placer terrenal y la satisfacción de su ego.
Él creía ser diferente, pues buscaba la felicidad de los demás antes que la suya propia…
Pero no supo controlar sus emociones y tras la mayor decepción de su vida, la primera de muchas, todo su mundo tornó en tinieblas…
Renunció a todo aquello que le hacía daño y solo era capaz de pensar en sí mismo. Destruyó los restos de quien era y comenzó a forjar un nuevo ser…
Pudo disfrutar la vida humana sólo durante un instante ya que pasó de ser una criatura basada en los sentimientos a otra completamente distinta…
Sí que había sentimientos en su corazón, sí que pensaba en los demás, pero todo esto solo alimentaba su único sentimiento, lo único por lo que vivía…
Rápidamente cambió, dejando encerrado a su antiguo ser, donde los ecos de auxilio le llegaban sutilmente, casi imperceptibles...
Apenas podía dormir y cuando lo hacía, era como si viera dos atardeceres seguidos, como si el tiempo no pasase…
Para él… todo era odio… odio a cada una de las personas que formaban la humanidad y sobre todo… odio a sí mismo…
Él era su mayor enemigo, pues la cordura quería desbancar el monstruo en el que se había convertido.
Pasó el tiempo y poco a poco, con ayuda de de personas que veían en él a ese ser honesto, compasivo y amable volvió a la normalidad, pero esta vez fue humano, aceptó que la vida no era perfecta y eso es lo que más le gustaba, el poder vivir la vida y disfrutar de cada momento…
Pero no todo fue tan bonito, sentía algo dentro de él que no era normal, algo que lentamente se apoderaba de su mente…
Tras un tiempo haciéndole frente y de “felicidad” volvió a recaer.

Y por eso decidió renunciar a todo, por miedo a volver como fue anteriormente, por miedo a hacer daño a quienes quería…
Con el paso de las semanas intentó buscar a alguien a quien no le hiciese daño, pero golpe tras golpe fue perdiendo la esperanza y con ello, una batalla tras otra...

Ahora, sigue luchando y sabe que la guerra no ha hecho más que comenzar, que debe luchar cada día, se aferra a la gente que le aprecia que, aunque parece poca, son lo mejor que ha tenido nunca y no renunciaría a ello… otra vez no.

sábado, 29 de marzo de 2014

Deilia: La nueva compañía. (Parte 2)

Ha pasado ya un año desde que Deilia salió de aquella cueva. Enterró a sus amigos en la ciudad costera de Niernero; con un gran pesar vagó por todo el continente buscando a los demás guerreros del caos. No obtuvo ni rastro de ellos pero pudo mejorar con la espada, aprendiendo diversas técnicas de lucha y descubriendo su potencial.
Tras este año Deilia volvió para estar con sus amigos una vez más.
Es por la mañana, el sol aparece en el horizonte, por el camino en dirección al cementerio solo está ella y la sombra proyectada de su cuerpo quedando tras de sí. Vestida con una camisa roja y pantalones negros, ella recoge su pelo pues el viento helado de la primavera solo hace que se despeine. Las fiestas terminaron hace ya unas semanas, no hay ni rastro de los aldeanos visitando a sus familiares. Finalmente llega donde están sus tres amigos, las tres lápidas están bastante cuidadas, se sienta en el suelo y sin poder contenerse empieza a llorar.
-Siento mucho lo que os pasó, puede evitarlo si no me hubiera separado. -Las lágrimas caen por su cara hasta sus piernas. -No he encontrado a ningún guerrero del caos en este año, ya tengo veinticinco, aún siendo joven, queda cada vez menos para que deje de blandir el arma con eficacia y antes de que eso pase haré que el filo de mi espada destroce hasta el último de ellos. -Pasa un rato pensando en aquellos momentos que pasaron juntos, rememorando cada cumpleños y lo bien que se lo pasaron en las tabernas.
Pasan unas horas y Deilia decide marchar, pues tiene que prepararse para otro viaje, se seca las lágrimas, se pone en pié y comienza a marchar en dirección a la taberna donde se hospeda.
En la ciudad es diferente, hay gente animada por las calles, niños corriendo de un lado para otro. Pasa por la calle del mercado observando los puestos y a la gente sonriente que los atiende. Entre las numerosas voces que se escuchan se puede oír a varios comerciantes vendiendo pescado, pieles, armas, este último atrae la atención de Deilia. Ojea por encima la cantidad de armas que tiene, son de buena calidad, pero ninguna puede superar su espada que es capaz, en buenas manos, de cortar hasta el mismísimo acero macizo.
Sigue caminando hasta llegar a la puerta de la taberna, cada vez que pasa por delante no puede evitar leer el nombre y reírse, La Cabra Zopenca, rótulo en el cual aparece una cabra bebiendo de una botella de licor. Entra por la puerta y otro mundo la inunda, hay música animada que tocan unos bardos en la pared izquierda del salón principal, en la parte de la derecha una barra, repleta de gente sentada en los taburetes, al fondo hay unas escaleras que se dirigen a las habitaciones y en el resto del salón hay mesas donde la gente está tomando su licor mañanero.
Hay una mesa vacía así que se dispone a sentarse en una de las cinco sillas. Hace un gesto al camarero el cual acto seguido se dirige a la mesa.
-¿Qué desea joven damisela?. -Le pregunta un joven humano de pelo corto y vestido con ropas azules.
-Quiero una jarra de cerveza, de la más cara que tenga. -Esa frase le recuerda a Mareen, la que siempre despilfarraba el dinero y si no era el suyo más aún.
El camarero tarda poco en servirle, justo bebiendo ve como la puerta de la taberna se abre y entran tres personas, una muy baja, con unas túnicas negras cubiertos con una capucha. Todo el mundo los mira, los bardos dejan de tocar, se dirigen a la barra, la gente murmura. Se quitan las capuchas y se puede ver que son gente joven, al instante los bardos vuelven a tocar y la gente deja de mirarlos. Por lo que Deilia logra distinguir hay un humano de pelo rubio largo y ojos claros, un elfa con el pelo muy largo castaño y ojos azules, y una chico de pelo corto con los ojos y el pelo verdes. Hablan con el camarero y les señala hacia ella. De repente se pone nerviosa, se sienta de manera formal e intenta no mirarles. Se dirigen a su mesa, sus rostros son serios, menos el del chico de pelo verde, que parece estar contento y mueve la cabeza al ritmo de la música.
-¿Deilia?. -Pregunta el humano.
-Depende ¿quién la busca?. -Responde con una mirada de indiferencia hacia él.
-Alguien que sabe lo que te pasó y lleva todo un año buscándote. -Hace un gesto con la mano señalando una silla. -¿Nos podemos sentar?.
-Antes una cosa, ¿que supuestamente me pasó?. -Dice con un tono frío pues no le gusta por donde va la conversación.
-Sabemos que hace un año aproximadamente acabaste con un guerrero del caos en una cueva cercana a la ciudad, ¿me equivoco?.
-No estoy para juegos, sentaos. -Le ha despertado la curiosidad, ya que nunca le contó a nadie nada sobre lo ocurrido.
-¿Dónde están mis modales? Yo soy Dryan y estos son Klynea y Orduogaz. -Señalando a la elfa y al otro chico al mismo tiempo que se sientan. La cabeza de Orduogaz llega justo por encima de la mesa.
-Pero llámame Ordu, es más corto. -Aclara con una sonrisa de oreja a oreja.
A Deilia se le escapa una risa floja. -Perdón, ya estoy.
-Soy bajito porque los homtianos somos así. -Pone una expresión seria.
-¿Y qué queréis de mí?. -Tras decir esto bebe todo lo que le quedaba de un trago mientras los demás hablan.
-Nos interesas porque pudiste matar uno, al igual que nosotros. -Le hace un gesto al camarero para que se acerque.
-¡Ah! ¿Pudisteis con uno entre los tres? Entonces sois fuertes. -Alaga Deilia a grupo.
-Te equivocas en algo, no fuimos entre los tres, fue uno cada uno.
Un escalofrío recorre todo su cuerpo, no puede creer lo que está escuchando.
-Queremos que te unas a nosotros. -Dice Klynea al mismo tiempo que se acerca el camarero. -Ponme una pinta de lo más seco que tengas ¿y vosotros? -Les pregunta a sus compañeros.
-Me apetece lo mismo. -Dice Orduogaz levantando la mano.
-Yo quiero vino, del mejor que tenga ¿y para la señorita…? -Le pregunta Dryan a Deilia.
-Lo mismo que antes. -Le hace un gesto con la cabeza. -Pero que sean dos, que lo voy a necesitar. -Se marcha el camarero. -¿Por dónde íbamos?.
-Queremos que te unas a nosotros. -Dice Dryan con un tono de confianza.
-¿Por qué tendría que hacerlo?. -Pone los brazos en la mesa y apoya la cabeza en sus puños.
-Porque gracias al oráculo del norte sabemos quién dirigía a Snifliber. -Aclara Klynea.
-Pero, ¿por qué estáis interesados en él? ya no es una molestia. -Pone su espalda contra el respaldo de la silla y la inclina un poco dando a entender superioridad.
-Mató a nuestra familias, arrasó con nuestro pueblo, vecinos, amigos, todos muertos. -Le comenta Orduogaz al mismo tiempo que los tres evitan la mirada de los demás.
-Lo… lo siento, no lo sabía. -Vuelve a ponerse bien sentada, empieza a entender de qué va el asunto, ella también ha sentido ese odio y aún sabiendo que es malo, entiende que quieran vengarse.
-No pasa nada. -Están cabizbajos.
-Vale, digamos que acepto. -Les mira a los ojos. -Digamos que voy con vosotros y erradicamos esa rama de los guerreros del caos…-Levantan sus cabezas y se les puede ver expresión de felicidad. -¿Cuanto de peligroso es el viaje?
-El viaje no es peligroso, lo peligroso es pasar sus murallas y llegar a lo más alto de la torre, que seguramente habrán entre dos y tres guerreros del caos…-Responde Dryan a la pregunta de Deilia.
-¿Dos o tres?. -No se le puede quitar la cara de asombro, ahora mismo la cara de Deilia es un cuadro. -Más los guardias ¿no?.
-Si, los guardias es lo de menos, tenemos a Klynea. -Comenta Orduogaz mientras la señala.
-Lo verdaderamente peligroso es quién lidera esta facción, no se sabe quien es, solo que no abandona la torre oscura nunca y que a cada segundo que esté allí se hace más fuerte. -Aclara Dryan con un tono muy serio.
-Entonces creo que va siendo hora de partir y por el camino me vais contando qué sabéis hacer. -Dice al mismo tiempo que llega el camarero con las bebidas. -Bueno, mejor cuando nos terminemos esto.
Se levantan los tres. -Choquemos nuestras jarras, es el comienzo de nuestro viaje. -Dicen al unísono.
-Si, de nuestro viaje. -Se une Deilia muy emocionada.

sábado, 22 de marzo de 2014

Deilia (Parte 1)

Una de las cuevas más oscuras de todo el territorio, las paredes parecen excavadas por unas criaturas grandes pues se nota las marcas de las garras en ellas. La humedad aumenta cuanto más profundo se avanza al igual que la oscuridad envuelve todo rastro de luz.
Por aquella gruta camina sola una joven humana de pelo largo oscuro, vestida con una armadura de mallas. Su yelmo de color plateado está abierto y permite mostrar sus ojos color ámbar iluminados por la antorcha que porta en la mano izquierda y en la derecha lleva consigo su espada más preciada. La hoja de aquella arma es de color plateado, la cruceta está formada por la parte superior de un fénix con las alas extendidas, dejando la cola por la parte inferior del mango hecho de cuero de gran calidad.
Sigue avanzando con paso firme y con mucho cuidado ya que el suelo podría resbalar. A lo lejos ve una luz, una luz que ella identifica como una antorcha.
-¿Mareen, Jorgang, Yuhonz? ¿Sois vosotros? -Dice en voz alta. -Moved la antorcha. –El eco de la gruta la asombra.
Continúa en dirección a la luz, ve claramente el foco de luz y que éste comienza a moverse.
-Son ellos. -Piensa al mismo tiempo que acelera su paso. Llegando a una bifurcación y en el suelo hay un elfo joven, de media melena y ojos azules, con una armadura de cuero, tiene ensangrentado todo el pecho. Sujeta con la mano derecha una antorcha y cerca de la otra una daga manchada de sangre.
La chica suelta su antorcha y envaina la espada, entonces se acerca a él.
-Jorgang ¿qué ha pasado? –Está muy asustada buscando la herida.
-Yo ya estoy muy mal, debes salir de aquí. –Le responde con una voz entrecortada.
-Podemos curarte, saldrás de esta. –Le quita la antorcha y le sujeta fuertemente la mano.
-Deilia… –Tras nombrarla tose y de la comisura de los labios comienza a salir un poco de sangre.
-No hables, cuando encontremos a los demás podremos curarte, no te preocupes. –Mira a ambos lados de la bifurcación buscado algún rastro de sus compañeros.
-No, no están… -Le cuesta hablar y cada vez lo hace más débil. –Están todos muertos, él los mató.
-No puede ser, erais tres contra uno. –Chilla Deilia sin creerse lo que le cuenta.
-¿Recuerdas? Nos separamos así porque tú eras la más fuerte y podías ir tu sola. -Comienza a cerrar los ojos lentamente.
-¡No, no cierres los ojos! –Las lágrimas brotan de sus ojos, caen por su cara y gotean en el cuerpo de Jorgang. -¡He dicho que abras los ojos! –Le sacude el cuerpo como un intento inútil pues ya ha dejado de respirar.
Llora de impotencia y de miedo pues ha perdido a todos sus compañeros y de nuevo está sola en la vida.
Tras un momento de silencio respira hondo y se pone en pié. –No puedo llorar ahora, ese impresentable sigue suelto, me da igual que se esconda en una cueva, daré con él y le haré pagar por lo que ha hecho, por los aldeanos que mató, por mis amigos. –Se seca las lágrimas, coge de nuevo la antorcha y sin dudarlo comienza a caminar por el camino de la derecha.
A los pocos metros comienza a oír una corriente de agua.
-Con un poco de suerte habrá parado para beber. –Piensa al mismo tiempo que acelera el paso. -Aunque me habrá oído chillar, me pasaré igualmente.
La cueva se hace cada vez más amplia hasta dar con una gran estancia por la que fluye un pequeño río que la separa en dos, partiendo de la pared sur y marchando hacia la pared del este. En la pared norte, hay otro camino que continua descendiendo hacia la oscuridad. Deilia se acerca al pequeño riachuelo, tira una piedra en él y alumbra con la antorcha para ver la roca caer. Duda que sea muy profundo, mete el brazo derecho en el agua, está muy fría, y a la altura del antebrazo toca el fondo, justo lo que esperaba, saca la mano y cruza despacio al otro lado, no llegando a mojarse ni las rodillas.
Baja la antorcha a sus pies para ver el camino, hay marcas de agua que se adentran por la zona norte.
Conforme avanza escucha los ecos de sus pasos pero, hay un ruido parecido a un siseo que le perturba pues en la zona en la que están no hay serpientes. Llega a una parte de la gruta más ancha y continua escuchando ese sonido, se gira rápidamente y cuando la luz de la antorcha se vuelve estable ve como una serpiente de unos tres metros de largo se acerca a ella.
-¿Primero me evitas y ahora apareces? –Dice mientras mira a la serpiente y desenvaina su espada.
La serpiente comienza a elevar la cabeza y a ponerse erguida, de su cuerpo le brotan unos bultos que cada vez se hacen más grandes formando lo que parece un cuerpo humanoide desnudo, de pelo largo negro y orejas puntiagudas, dejando tras de si su aspecto de serpiente salvo por los ojos y la lengua.
-Snifliber, por fin te encuentro, pagarás todo lo que has hecho. –Expone Deilia al mismo tiempo que suelta la antorcha. –No te lo mereces pero haremos un combate justo, ármate.
-Como deseéis. –Su mirada es penetrante, no parpadea.
Esboza una mueca mientras pega sus manos a sus hombros y arranca trozos de su piel, Deilia está sombrada al mismo tiempo que asqueada. Tras esa capa de piel comienza a brotar una armadura negra como la mismísima oscuridad, sigue haciendo esto por todo el cuerpo hasta que forma una armadura completa de cuyas articulaciones emergen unas púas de unos diez centímetros.
-Eres asqueroso, en todos los sentidos. –Le aclara. –Vamos, saca tu arma.
Snifliber comienza a hacer un movimiento con la cabeza, como si vomitara y de su boca aparece una serpiente de color blanca pequeña, del tamaño de un par de manos, la recoge y de su boca sale un filo de color rojo al mismo tiempo que se empieza a transformar en una espada ancha, quedando en la cruceta la cabeza de la serpiente y como mango el cuerpo de la misma.
-Ya estoy listo. –Coge la espada con las dos manos y no aparta la mirada de ella.
-Cuando quieras. – Pone la espada en posición horizontal delante de ella sujetándola con ambas manos.
Pasan unos segundos, con el sonido tenue del agua de fondo. Los dos están midiendo la fuerza del adversario. Con el sonido de una gota de agua que cae de la mano de Deilia empieza el combate. Las dos espadas chocan incesantemente, en cada golpe se desprende una chispa que marca las siluetas de sus cuerpos en la pared de piedra. Snifliber consigue golpear a Deilia en el brazo pero no queda más que un simple rasguño, acto que ella aprovecha para intentar golpearle en el costado pero consigue pararlo y quedan uno enfrente del otro, rostro con rostro.
-En el fondo eres una monada. –Saca la lengua bífida con un movimiento rápido.
-Ganas mucho más en serpiente. –Le responde con una sonrisa.
Deilia le da un cabezazo aprovechando que ella si tiene yelmo, Snifliber retrocede unos pasos con un chillido muy agudo y llevándose una mano a la cara.
-Me has hecho sangrar. –Se mira la mano ensangrentada, entonces la mira a ella. –Hacía mucho que no me divertía tanto, pero me toca ganar a mí.
Se lanza sobre ella con unos golpes muy temerarios pero tan fuertes que no logra recomponerse para contraatacar y cada vez retrocede más, llega hasta la pared y entonces él se dispone a asestar un golpe en el pecho de ella, pero se lanza hacia un lado, chocando la espada contra la pared. Con un giro de su cuerpo como si de una danza se tratase, sujetando el arma con una sola mano le da un corte en la mano derecha, con la que sujetaba la espada, cortándole dos dedos y logrando que suelte el arma. Los chillidos de Snifliber resuenan en toda la gruta y la sangre baña toda la espada en el suelo.
-¡Eres una desgraciada! –Grita mientras cubre con su otra mano la mano herida. –Para de una vez, no conseguirás nada matándome, solo alimentar tu ego.
-No intentes convencerme, tú mataste a más de trescientos aldeanos, torturaste a decenas de ellos y mataste a mis amigos. –Empuña la espada con las dos manos. –No aceptaré piedad de ti.
Le asesta un golpe en el pecho, que él intenta evitar pero le golpea en el hombro izquierdo, clavando su filo plateado por aquella armadura, ella hace más fuerza y la espada sigue hendiendo, hasta que logra cercenar el brazo entre los quejidos de él.
-Ahora morirás por todas aquellas vidas que te has llevado. –Dice mientras se aleja dándole la espalda, cerrando el puño en su corazón rememorando aquellos tiempos que pasó con sus amigos.
-¡Deilia eres una idiota! –Se abalanza sobre ella con un puñal en la mano.
Deilia se gira, le da una patada para alegarlo y con otro giro magistral de su cuerpo dirige un ataque contra su cabeza, cortándosela a la altura de la mandíbula. Todo se llena de sangre, el suelo, la armadura, su cara... suelta el arma, se hecha al suelo y comienza a llorar.
-Juro que exterminaré a todo caballero del caos que me encuentre, ¡no dejaré a ninguno con vida!

jueves, 6 de marzo de 2014

Steel: La propuesta #1

Una mañana más en Murcia, hace un día primaveral perfecto, la luz del sol entra por la ventana de la habitación de Thomas, un joven de dieciocho años con el pelo corto oscuro y ojos claros, haciendo que se despierte.
-¡Mierda!, las ocho, ya llego tarde. -Dice mientras mira el despertador.
Comienza a vestirse rápidamente a la vez que se cepilla los dientes, mira el móvil y comprueba que no tiene ninguna llamada.
-Menos mal, no llegaré tan tarde a clase.
Prepara la mochila metiendo los libros y la carpeta, cuando el móvil empieza a sonar.
-Mi madre, ¿qué querrá ahora?
Descuelga al mismo tiempo que se prepara el desayuno, un tazón de cereales.
-Dime mamá, tengo prisa que llego tarde a clase.
-¿Otra vez llegas tarde? Te pasa casi todos los días.
-Me has llamado por algo ¿no?
-Si, escucha, está aquí la policía buscándote ¿qué has hecho?
-Yo no he hecho nada, ¿qué te han dicho?
-Solo que te buscan, así que les he dado tu dirección, ahora mismo estoy en el aseo que no nos dejan salir del salón, ¿de verdad que no has hecho nada?
-Que no. -Dice ya estresado.
-¿Ni ninguno de tus amigos?
-Que no estoy metido en nada.
Llaman a la puerta del piso.
-Espera mamá que están llamando. -Le dice mientras se dirige a la puerta y mira por la mirilla. Ve a dos policías con unos papeles en la mano. -Mamá, la poli está en mi puerta.
-Pues yo estoy tardando mucho en el aseo, debería de salir, ya me contarás lo que pasa.
-Ya te cuento, no te preocupes. -Cuelga y abre la puerta.
-Buenas, ¿está Thomas Castillo? -Pregunta el policía mirando unos papeles.
-Si, soy yo, ¿pasa algo?
-No, solo tiene que acompañarnos, prepare la maleta.
-¿Maleta? ¿A donde voy?
-Aquí tienes la orden que expresa que debe venir con nosotros, es un viaje de varias horas y quizá necesite algo de ropa.
-¿Y tiene que ser ahora?
-No, ahora no, dentro de una hora.
Thomas está confuso, es muy raro lo que está pasando.
-De acuerdo, voy a preparar la maleta, nos vemos en una hora.
-No, nosotros tenemos que estar presentes mientras haces la maleta. -El agente busca entre sus papeles y le muestra uno de ellos. -En este documento indica que debemos estar presentes desde que se le comunica esto hasta que lleguemos a su destino.
Le echa un vistazo al documento mientras que asiente.
-De acuerdo, podéis pasar. -Les da paso con la mano. -Advierto que está hecho una leonera, hoy no me toca limpiar a mi.
Coge la maleta que tenía debajo de la cama y empieza a meter ropa.
-¿Sabéis si donde vamos hace falta manga larga?
Uno de los policías se ríe un poco y el otro le da un codazo para que pare. A Thomas no le gusta de qué va esto pero sabiendo que hay papeleo de por medio y que al menos sus padres saben algo, se siente más seguro.
-No no sabemos como será el tiempo.
-Pues me llevo de las dos cosas.
A la media hora termina la maleta, se lleva cargador, máquina de afeitar y diversos objetos que para él son útiles ya que no sabe cuanto tiempo tardará en volver.
Bajan las escaleras, no usa el ascensor pues vive en un primer piso. En la puerta les está esperando un coche negro con dos personas sentadas en la parte delantera vestidos de colores oscuros, el conductor es una chica joven con gafas de sol.
Se baja el copiloto y abre el maletero, mete la maleta y se sienta en el coche. Primero pasa un policía y se sienta al fondo, en medio Thomas y al otro lado el otro policía.
-Buenas a todos ¿alguno sabe donde vamos?. -Pregunta Thomas sabiendo que no habrá respuesta. -Vale, pues será sorpresa.
El coche es bastante amplio y no se siente agobiado, la chica arranca el motor y emprenden el viaje.
Thomas está asustado, nadie habla durante el viaje, nada de música, puro aburrimiento. Saca el móvil para hablar con su madre y antes de desbloquearlo uno de los agentes se lo quita.
-Nada de móviles durante el viaje, una vez allí tú decides.
-Vale, vale, lo guardo. -Se queja mientras guarda el móvil.
Pasa el tiempo y ve un cartel de bienvenida a Castilla la Mancha.
-¿Si que nos vamos lejos no?
Nadie responde, solo se escucha el ruido de los coches pasar. El tiempo pasa, se mira el reloj, son las doce y media aproximadamente, están en una extensión de tierra en la que no hay señales de vida.
-Ya estamos llegando. -Dice la conductora señalando a un lado de la carretera.
Se asoma un poco y ve una nave industrial enorme sin cartel ni rótulo y con vallas muy altas. El coche se dirige hacia allí y para en el puesto de guardia, sale de la garita un guardia de seguridad.
-Documentación. -Dice el guardia haciendo un gesto para que bajen la ventanilla.
El copiloto saca unos papeles de la guantera  y se los da.
-Todo bien, podéis pasar.
La puerta de la verja se abre y conforme avanza en uno de los laterales de la nave se abre una puerta del tamaño justo de un coche por el cual pasa. Es enorme, tiene unas cinco plantas de altura y está muy oscuro. Se empiezan a encender las luces del interior mostrando que la nave está vacía, salvo por un ascensor  con las puertas de cristal que hay en el centro con dos hombres vestidos de negro con fusiles vigilando la puerta. Un sudor frío recorre el cuerpo de Thomas, está muy nervioso, no sabe nada de lo que ocurre y se teme lo peor. Cuando están cerca del centro el coche para y los policías se bajan.
-Baja, ya hemos llegado.
-¿Llegado a donde?. -Contesta Thomas con una voz temblorosa.
Justo después de hacer la pregunta la puerta del ascensor se abre y de él sale un hombre de unos cincuenta años, de pelo corto y blanco, vestido de traje.
-Bienvenido Thomas, ¿qué tal el viaje?. -El hombre hace un gesto a uno de los policías y éste le entrega los papeles que portaba durante el viaje.
-¿Cómo que Bienvenido? ¿Donde estoy? ¿Qué es todo esto?
-Me llamo Andrés y responderé a tus preguntas pronto, pero antes quiero que vengas conmigo. -Le dice mientras él entra en el ascensor. -No te preocupes por la maleta, te la darán más tarde.
-¿A donde lleva este ascensor? Está claro que arriba no. -Comenta a la vez que lo mira como si buscara algo.
Una vez dentro el hombre pulsa el único botón que hay y comienza a bajar.
-Te preguntarás qué haces aquí, te lo iré respondiendo. No eres el primero al que mostramos las instalaciones y esperamos que no renuncies a lo que te vamos a mostrar. -El ascensor sigue bajando y en la pared que se ve a través de las puertas se ve como pasan números escritos en rojo cada vez una cifra más grande, como si marcaran las plantas. -Todo comenzó como un proyecto normal pero declinó en un proyecto de defensa.
-¿De defensa? ¿A qué te refieres?
-Bienvenido al SDT, Sistema de Defensa de la Tierra y esto es la sucursal de España. -Cuando dice estas palabras se puede contemplar a través del cristal una sala enorme con un montón de personas vestidas de blanco, con cascos amarillos están reunidas en grupos alrededor de los pies de lo que parece un robot de forma humana de unas 12 plantas de altura en tonos marrones que tiene tras él un muro del que salen unas pasarelas que lo rodean.
-¿Qué leches es esto? ¿Me estáis tomando el pelo?. -Pregunta Thomas con cara de sombro.
El ascensor llega al suelo de aquella gigantesca sala.
-Esto será, si aceptas y pasas las pruebas lo que pilotarás. -Comenta alzando la mano señalando el cuerpo de aquella máquina descomunal. -Se llama Dust.
-Joder y nosotros en crisis.

jueves, 18 de abril de 2013

El verdugo


Me sumerjo en un mundo oscuro, donde la violencia es el plato de cada día y la mentira está arraigada a los medios de comunicación, un mundo de humanos pero sin ellos, gobernado por los que más tienen y empobreciendo siempre al más débil.
Bago por las calles buscando alimento, buscando mi única salvación, la única manera de enmendar mi pasado. Observo a mucha gente por la calle, los veo caminar de un sitio a otro como si de autómatas se tratasen, cierro los ojos y respiro hondo, siento que tengo comida muy cerca. Un grupo de niños pasan muy cerca de mi, siento su felicidad, su ignorancia por lo que les rodea y su curiosidad, bendita curiosidad, la misma que me llevó a ser lo que soy, no me arrepiento la verdad, si no hubiera cruzado aquella puerta estaría muerto.
Hoy la gente está especialmente feliz, algo que hace que no encuentre mi comida. Vuelvo a respirar profundamente, esta vez está cerca, muy cerca, tan cerca como que puedo verlo salir de la tienda de ropa, aquél hombre viste un pantalón vaquero y una camisa azul a rayas, pelo corto marrón y gafas. Cruzo la calle, evitando algunos coches, se aleja un poco de mi, tengo que seguirlo de cerca. Le sigo un par de calles, parece que se detiene a mirar un comercio de sofás, no debería estar pensando en comprarse ningún sofá y menos aún sabiendo lo que ha hecho. Acelero el paso asta alcanzarle, esta vez tengo que hacerlo con mis propias manos, con este van siete y aún no sé que se siente.
Respiro una vez más, ahora puedo saber qué hizo en realidad. Mi visión se nubla, le veo, veo a ese hombre golpeando a una mujer, como saca un cuchillo y empieza a apuñalarla en el pecho, la sangre salta sobre él y tras cinco puñaladas la deja en el suelo, inerte.
No hay duda es él, será mi comida hoy. Recobro la visión y veo que aquél hombre gira de nuevo en la siguiente calle, voy tras él, le sigo con unos metros de seguridad, no quiero que se percate de mi presencia. Parece que va a cruzar un parque, el sitio perfecto. Observo los alrededores, no hay nadie. Ahora corro tras él, cuando estoy cerca, se gira y me mira, siento que todo va a llegar a su fin, alargo el codo y le golpeo en la traquea, cae al suelo ya no puede chillar, es mi momento, me pongo detrás, me agacho y comienzo a asfixiarlo, siento como la sangre que corre por sus venas pasa por mis manos, siento como intenta respirar, pero no puede, forcejea conmigo, pero no alcanza mi cuerpo; poco a poco sus movimientos se vuelven más débiles hasta que deja de respirar. Le suelto y me pongo de pié, hoy ya he cubierto el cupo. Cierro los ojos y siento como se desvanece todo, vuelvo a abrirlos y estoy de nuevo en mi cuarto, a los pies de mi cama, me tumbo en ella; aún me quedan muchos, solo puedo esperar al siguiente y rogar por que sea el último del que me alimente.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Mi camino


Anocheciendo, en el horizonte, el Sol se esconde tras las montañas, el calor que desprende poco a poco se apaga, vuelvo la mirada tras de mi, contemplo los árboles que forman el bosque, tan fuertes, tan grandes, tantos años vividos para poco reconocimiento por parte de la humanidad. La luz que aún proyecta el astro, torna el color de las hojas a rojizo, los pájaros vuelan para refugiarse entre sus hojas y dormir en sus ramas.
Emprendo el camino al interior del bosque con pié firme, sin miedo, desnudo ante todo, sin nada para protegerme, esta noche es especial, he de estar preparado.
El suelo está frío y casi no queda luz solar, pero otra, más bella que la del mismísimo padre, comienza a surgir. Unos instantes de oscuridad, me detengo, ya estoy lo suficiente lejos de la civilización, me siento en el suelo, apoyado en un árbol, buscando dormirme antes de que ella aparezca.
Algo me despierta, algo mojado, abro los ojos y sobresalto con miedo al ver un lobo lamiéndome la cara, con sus ojos marrones en los que podía reflejarme atemorizado.
El chillido se escuchó por toda la zona del bosque pero, pronto me relajo, pues le reconozco, es Roble, le llamo cariñosamente así por que el tono de su pelaje, es idéntico y tiene unas líneas estriadas como su corteza, sabiendo quien es, le acaricio y sigo sentado, intentando dormir de nuevo.
La Luna se alza, iluminando el bosque, me pongo en pié para recibirla, las estrellas se dejan ver, están preciosas, se ven miles de ellas desde aquí, pero sin duda lo que mejor se ve es aquello por lo que me desplace aquí, la Luna está llena, brillando a su máxima fuerza, bañándome de calma y paz. Roble aúlla sentado junto al árbol en el que dormía, y a su llamada acuden más lobos, rodeándome, mirándome como si esperaran algo, como si esperaran lo mismo que yo.
Miro de nuevo fijamente a la Luna, algo me decía que la mirara, me sentía a gusto en aquél lugar. Algo me pasa, cada vez veo más borroso y un dolor de cabeza repentino hace que caiga al suelo arrodillado, mis gritos de dolor eran insoportables, me miro las manos, poco a poco comienzan a crecer las uñas hasta convertirse en garras, el pelo de mi cuerpo crece y donde no tenía previamente, aparece; la jaqueca de mi cabeza aumenta, me duele mucho la boca, los dientes, la lengua y caigo inconsciente a causa del dolor.
Me despierto con el sonido de los pájaros, en el suelo, desnudo y desorientado, no sé lo que ha pasado, miro mis manos y están llenas de sangre y ante mi, varios conejos muertos, destripados, sé que fui yo, no hay duda.
Una noche más, madre me dio fuerza, pero sin control, rezo por un día en el cual pueda controlarlo, mientras tanto, he de ser un lobo solitario.

viernes, 3 de agosto de 2012

Esencia de Luz


La situación más difícil, el problema más complicado, ha de aceptar la verdad, habita en un mundo oscuro, donde apenas unos leves rayos de luz inciden sobre su cuerpo y alma.
Se siente feliz bajo aquél resplandor, pero éste, se mueve, todos avanzan en su camino y teme perder eso, teme perder aquello que le tortura día y noche.
Desde hace tiempo el suelo que pisa carece de vida, cada paso, levanta polvo que queda suspendido en el aire, esperando una respuesta del viento. Todo el tiempo está detenido, desde que apareció la oscuridad, desde que apareció la duda, desde que la espera se hizo imposible.
Quizá no esté mal del todo, la única vida existente, alumbrada por haces de luz, la única que entra a ese oscuro mundo. Poco a poco se apagan, sabe que siempre estarán ahí, en su corazón., pero solo puede esperar, solo puede esperar que todo termine. Siempre hay una, una muy fuerte, que no se apaga nunca y cada vez que la contempla, cabalga a un mundo nuevo, diferente, siempre iluminado y lleno de esperanza, pero ha de esperar, siempre quedan soles dando vida en ese mundo y no quiere perderlos, tiene claro donde quiere habitar, tiene claro cómo avanzar y aunque tenga que destrozarse el corazón, ha de hacerlo, todo cambió, esa luz marchita… desde hace mucho.
Mira al cielo, con la esperanza que el fulgor más brillante de todos nunca cese, que forme parte de su destino.