jueves, 18 de abril de 2013

El verdugo


Me sumerjo en un mundo oscuro, donde la violencia es el plato de cada día y la mentira está arraigada a los medios de comunicación, un mundo de humanos pero sin ellos, gobernado por los que más tienen y empobreciendo siempre al más débil.
Bago por las calles buscando alimento, buscando mi única salvación, la única manera de enmendar mi pasado. Observo a mucha gente por la calle, los veo caminar de un sitio a otro como si de autómatas se tratasen, cierro los ojos y respiro hondo, siento que tengo comida muy cerca. Un grupo de niños pasan muy cerca de mi, siento su felicidad, su ignorancia por lo que les rodea y su curiosidad, bendita curiosidad, la misma que me llevó a ser lo que soy, no me arrepiento la verdad, si no hubiera cruzado aquella puerta estaría muerto.
Hoy la gente está especialmente feliz, algo que hace que no encuentre mi comida. Vuelvo a respirar profundamente, esta vez está cerca, muy cerca, tan cerca como que puedo verlo salir de la tienda de ropa, aquél hombre viste un pantalón vaquero y una camisa azul a rayas, pelo corto marrón y gafas. Cruzo la calle, evitando algunos coches, se aleja un poco de mi, tengo que seguirlo de cerca. Le sigo un par de calles, parece que se detiene a mirar un comercio de sofás, no debería estar pensando en comprarse ningún sofá y menos aún sabiendo lo que ha hecho. Acelero el paso asta alcanzarle, esta vez tengo que hacerlo con mis propias manos, con este van siete y aún no sé que se siente.
Respiro una vez más, ahora puedo saber qué hizo en realidad. Mi visión se nubla, le veo, veo a ese hombre golpeando a una mujer, como saca un cuchillo y empieza a apuñalarla en el pecho, la sangre salta sobre él y tras cinco puñaladas la deja en el suelo, inerte.
No hay duda es él, será mi comida hoy. Recobro la visión y veo que aquél hombre gira de nuevo en la siguiente calle, voy tras él, le sigo con unos metros de seguridad, no quiero que se percate de mi presencia. Parece que va a cruzar un parque, el sitio perfecto. Observo los alrededores, no hay nadie. Ahora corro tras él, cuando estoy cerca, se gira y me mira, siento que todo va a llegar a su fin, alargo el codo y le golpeo en la traquea, cae al suelo ya no puede chillar, es mi momento, me pongo detrás, me agacho y comienzo a asfixiarlo, siento como la sangre que corre por sus venas pasa por mis manos, siento como intenta respirar, pero no puede, forcejea conmigo, pero no alcanza mi cuerpo; poco a poco sus movimientos se vuelven más débiles hasta que deja de respirar. Le suelto y me pongo de pié, hoy ya he cubierto el cupo. Cierro los ojos y siento como se desvanece todo, vuelvo a abrirlos y estoy de nuevo en mi cuarto, a los pies de mi cama, me tumbo en ella; aún me quedan muchos, solo puedo esperar al siguiente y rogar por que sea el último del que me alimente.