Ha pasado ya un año desde que Deilia salió de aquella cueva. Enterró a sus amigos en la ciudad costera de Niernero; con un gran pesar vagó por todo el continente buscando a los demás guerreros del caos. No obtuvo ni rastro de ellos pero pudo mejorar con la espada, aprendiendo diversas técnicas de lucha y descubriendo su potencial.
Tras este año Deilia volvió para estar con sus amigos una vez más.
Es por la mañana, el sol aparece en el horizonte, por el camino en dirección al cementerio solo está ella y la sombra proyectada de su cuerpo quedando tras de sí. Vestida con una camisa roja y pantalones negros, ella recoge su pelo pues el viento helado de la primavera solo hace que se despeine. Las fiestas terminaron hace ya unas semanas, no hay ni rastro de los aldeanos visitando a sus familiares. Finalmente llega donde están sus tres amigos, las tres lápidas están bastante cuidadas, se sienta en el suelo y sin poder contenerse empieza a llorar.
-Siento mucho lo que os pasó, puede evitarlo si no me hubiera separado. -Las lágrimas caen por su cara hasta sus piernas. -No he encontrado a ningún guerrero del caos en este año, ya tengo veinticinco, aún siendo joven, queda cada vez menos para que deje de blandir el arma con eficacia y antes de que eso pase haré que el filo de mi espada destroce hasta el último de ellos. -Pasa un rato pensando en aquellos momentos que pasaron juntos, rememorando cada cumpleños y lo bien que se lo pasaron en las tabernas.
Pasan unas horas y Deilia decide marchar, pues tiene que prepararse para otro viaje, se seca las lágrimas, se pone en pié y comienza a marchar en dirección a la taberna donde se hospeda.
En la ciudad es diferente, hay gente animada por las calles, niños corriendo de un lado para otro. Pasa por la calle del mercado observando los puestos y a la gente sonriente que los atiende. Entre las numerosas voces que se escuchan se puede oír a varios comerciantes vendiendo pescado, pieles, armas, este último atrae la atención de Deilia. Ojea por encima la cantidad de armas que tiene, son de buena calidad, pero ninguna puede superar su espada que es capaz, en buenas manos, de cortar hasta el mismísimo acero macizo.
Sigue caminando hasta llegar a la puerta de la taberna, cada vez que pasa por delante no puede evitar leer el nombre y reírse, La Cabra Zopenca, rótulo en el cual aparece una cabra bebiendo de una botella de licor. Entra por la puerta y otro mundo la inunda, hay música animada que tocan unos bardos en la pared izquierda del salón principal, en la parte de la derecha una barra, repleta de gente sentada en los taburetes, al fondo hay unas escaleras que se dirigen a las habitaciones y en el resto del salón hay mesas donde la gente está tomando su licor mañanero.
Hay una mesa vacía así que se dispone a sentarse en una de las cinco sillas. Hace un gesto al camarero el cual acto seguido se dirige a la mesa.
-¿Qué desea joven damisela?. -Le pregunta un joven humano de pelo corto y vestido con ropas azules.
-Quiero una jarra de cerveza, de la más cara que tenga. -Esa frase le recuerda a Mareen, la que siempre despilfarraba el dinero y si no era el suyo más aún.
El camarero tarda poco en servirle, justo bebiendo ve como la puerta de la taberna se abre y entran tres personas, una muy baja, con unas túnicas negras cubiertos con una capucha. Todo el mundo los mira, los bardos dejan de tocar, se dirigen a la barra, la gente murmura. Se quitan las capuchas y se puede ver que son gente joven, al instante los bardos vuelven a tocar y la gente deja de mirarlos. Por lo que Deilia logra distinguir hay un humano de pelo rubio largo y ojos claros, un elfa con el pelo muy largo castaño y ojos azules, y una chico de pelo corto con los ojos y el pelo verdes. Hablan con el camarero y les señala hacia ella. De repente se pone nerviosa, se sienta de manera formal e intenta no mirarles. Se dirigen a su mesa, sus rostros son serios, menos el del chico de pelo verde, que parece estar contento y mueve la cabeza al ritmo de la música.
-¿Deilia?. -Pregunta el humano.
-Depende ¿quién la busca?. -Responde con una mirada de indiferencia hacia él.
-Alguien que sabe lo que te pasó y lleva todo un año buscándote. -Hace un gesto con la mano señalando una silla. -¿Nos podemos sentar?.
-Antes una cosa, ¿que supuestamente me pasó?. -Dice con un tono frío pues no le gusta por donde va la conversación.
-Sabemos que hace un año aproximadamente acabaste con un guerrero del caos en una cueva cercana a la ciudad, ¿me equivoco?.
-No estoy para juegos, sentaos. -Le ha despertado la curiosidad, ya que nunca le contó a nadie nada sobre lo ocurrido.
-¿Dónde están mis modales? Yo soy Dryan y estos son Klynea y Orduogaz. -Señalando a la elfa y al otro chico al mismo tiempo que se sientan. La cabeza de Orduogaz llega justo por encima de la mesa.
-Pero llámame Ordu, es más corto. -Aclara con una sonrisa de oreja a oreja.
A Deilia se le escapa una risa floja. -Perdón, ya estoy.
-Soy bajito porque los homtianos somos así. -Pone una expresión seria.
-¿Y qué queréis de mí?. -Tras decir esto bebe todo lo que le quedaba de un trago mientras los demás hablan.
-Nos interesas porque pudiste matar uno, al igual que nosotros. -Le hace un gesto al camarero para que se acerque.
-¡Ah! ¿Pudisteis con uno entre los tres? Entonces sois fuertes. -Alaga Deilia a grupo.
-Te equivocas en algo, no fuimos entre los tres, fue uno cada uno.
Un escalofrío recorre todo su cuerpo, no puede creer lo que está escuchando.
-Queremos que te unas a nosotros. -Dice Klynea al mismo tiempo que se acerca el camarero. -Ponme una pinta de lo más seco que tengas ¿y vosotros? -Les pregunta a sus compañeros.
-Me apetece lo mismo. -Dice Orduogaz levantando la mano.
-Yo quiero vino, del mejor que tenga ¿y para la señorita…? -Le pregunta Dryan a Deilia.
-Lo mismo que antes. -Le hace un gesto con la cabeza. -Pero que sean dos, que lo voy a necesitar. -Se marcha el camarero. -¿Por dónde íbamos?.
-Queremos que te unas a nosotros. -Dice Dryan con un tono de confianza.
-¿Por qué tendría que hacerlo?. -Pone los brazos en la mesa y apoya la cabeza en sus puños.
-Porque gracias al oráculo del norte sabemos quién dirigía a Snifliber. -Aclara Klynea.
-Pero, ¿por qué estáis interesados en él? ya no es una molestia. -Pone su espalda contra el respaldo de la silla y la inclina un poco dando a entender superioridad.
-Mató a nuestra familias, arrasó con nuestro pueblo, vecinos, amigos, todos muertos. -Le comenta Orduogaz al mismo tiempo que los tres evitan la mirada de los demás.
-Lo… lo siento, no lo sabía. -Vuelve a ponerse bien sentada, empieza a entender de qué va el asunto, ella también ha sentido ese odio y aún sabiendo que es malo, entiende que quieran vengarse.
-No pasa nada. -Están cabizbajos.
-Vale, digamos que acepto. -Les mira a los ojos. -Digamos que voy con vosotros y erradicamos esa rama de los guerreros del caos…-Levantan sus cabezas y se les puede ver expresión de felicidad. -¿Cuanto de peligroso es el viaje?
-El viaje no es peligroso, lo peligroso es pasar sus murallas y llegar a lo más alto de la torre, que seguramente habrán entre dos y tres guerreros del caos…-Responde Dryan a la pregunta de Deilia.
-¿Dos o tres?. -No se le puede quitar la cara de asombro, ahora mismo la cara de Deilia es un cuadro. -Más los guardias ¿no?.
-Si, los guardias es lo de menos, tenemos a Klynea. -Comenta Orduogaz mientras la señala.
-Lo verdaderamente peligroso es quién lidera esta facción, no se sabe quien es, solo que no abandona la torre oscura nunca y que a cada segundo que esté allí se hace más fuerte. -Aclara Dryan con un tono muy serio.
-Entonces creo que va siendo hora de partir y por el camino me vais contando qué sabéis hacer. -Dice al mismo tiempo que llega el camarero con las bebidas. -Bueno, mejor cuando nos terminemos esto.
Se levantan los tres. -Choquemos nuestras jarras, es el comienzo de nuestro viaje. -Dicen al unísono.
-Si, de nuestro viaje. -Se une Deilia muy emocionada.