sábado, 22 de marzo de 2014

Deilia (Parte 1)

Una de las cuevas más oscuras de todo el territorio, las paredes parecen excavadas por unas criaturas grandes pues se nota las marcas de las garras en ellas. La humedad aumenta cuanto más profundo se avanza al igual que la oscuridad envuelve todo rastro de luz.
Por aquella gruta camina sola una joven humana de pelo largo oscuro, vestida con una armadura de mallas. Su yelmo de color plateado está abierto y permite mostrar sus ojos color ámbar iluminados por la antorcha que porta en la mano izquierda y en la derecha lleva consigo su espada más preciada. La hoja de aquella arma es de color plateado, la cruceta está formada por la parte superior de un fénix con las alas extendidas, dejando la cola por la parte inferior del mango hecho de cuero de gran calidad.
Sigue avanzando con paso firme y con mucho cuidado ya que el suelo podría resbalar. A lo lejos ve una luz, una luz que ella identifica como una antorcha.
-¿Mareen, Jorgang, Yuhonz? ¿Sois vosotros? -Dice en voz alta. -Moved la antorcha. –El eco de la gruta la asombra.
Continúa en dirección a la luz, ve claramente el foco de luz y que éste comienza a moverse.
-Son ellos. -Piensa al mismo tiempo que acelera su paso. Llegando a una bifurcación y en el suelo hay un elfo joven, de media melena y ojos azules, con una armadura de cuero, tiene ensangrentado todo el pecho. Sujeta con la mano derecha una antorcha y cerca de la otra una daga manchada de sangre.
La chica suelta su antorcha y envaina la espada, entonces se acerca a él.
-Jorgang ¿qué ha pasado? –Está muy asustada buscando la herida.
-Yo ya estoy muy mal, debes salir de aquí. –Le responde con una voz entrecortada.
-Podemos curarte, saldrás de esta. –Le quita la antorcha y le sujeta fuertemente la mano.
-Deilia… –Tras nombrarla tose y de la comisura de los labios comienza a salir un poco de sangre.
-No hables, cuando encontremos a los demás podremos curarte, no te preocupes. –Mira a ambos lados de la bifurcación buscado algún rastro de sus compañeros.
-No, no están… -Le cuesta hablar y cada vez lo hace más débil. –Están todos muertos, él los mató.
-No puede ser, erais tres contra uno. –Chilla Deilia sin creerse lo que le cuenta.
-¿Recuerdas? Nos separamos así porque tú eras la más fuerte y podías ir tu sola. -Comienza a cerrar los ojos lentamente.
-¡No, no cierres los ojos! –Las lágrimas brotan de sus ojos, caen por su cara y gotean en el cuerpo de Jorgang. -¡He dicho que abras los ojos! –Le sacude el cuerpo como un intento inútil pues ya ha dejado de respirar.
Llora de impotencia y de miedo pues ha perdido a todos sus compañeros y de nuevo está sola en la vida.
Tras un momento de silencio respira hondo y se pone en pié. –No puedo llorar ahora, ese impresentable sigue suelto, me da igual que se esconda en una cueva, daré con él y le haré pagar por lo que ha hecho, por los aldeanos que mató, por mis amigos. –Se seca las lágrimas, coge de nuevo la antorcha y sin dudarlo comienza a caminar por el camino de la derecha.
A los pocos metros comienza a oír una corriente de agua.
-Con un poco de suerte habrá parado para beber. –Piensa al mismo tiempo que acelera el paso. -Aunque me habrá oído chillar, me pasaré igualmente.
La cueva se hace cada vez más amplia hasta dar con una gran estancia por la que fluye un pequeño río que la separa en dos, partiendo de la pared sur y marchando hacia la pared del este. En la pared norte, hay otro camino que continua descendiendo hacia la oscuridad. Deilia se acerca al pequeño riachuelo, tira una piedra en él y alumbra con la antorcha para ver la roca caer. Duda que sea muy profundo, mete el brazo derecho en el agua, está muy fría, y a la altura del antebrazo toca el fondo, justo lo que esperaba, saca la mano y cruza despacio al otro lado, no llegando a mojarse ni las rodillas.
Baja la antorcha a sus pies para ver el camino, hay marcas de agua que se adentran por la zona norte.
Conforme avanza escucha los ecos de sus pasos pero, hay un ruido parecido a un siseo que le perturba pues en la zona en la que están no hay serpientes. Llega a una parte de la gruta más ancha y continua escuchando ese sonido, se gira rápidamente y cuando la luz de la antorcha se vuelve estable ve como una serpiente de unos tres metros de largo se acerca a ella.
-¿Primero me evitas y ahora apareces? –Dice mientras mira a la serpiente y desenvaina su espada.
La serpiente comienza a elevar la cabeza y a ponerse erguida, de su cuerpo le brotan unos bultos que cada vez se hacen más grandes formando lo que parece un cuerpo humanoide desnudo, de pelo largo negro y orejas puntiagudas, dejando tras de si su aspecto de serpiente salvo por los ojos y la lengua.
-Snifliber, por fin te encuentro, pagarás todo lo que has hecho. –Expone Deilia al mismo tiempo que suelta la antorcha. –No te lo mereces pero haremos un combate justo, ármate.
-Como deseéis. –Su mirada es penetrante, no parpadea.
Esboza una mueca mientras pega sus manos a sus hombros y arranca trozos de su piel, Deilia está sombrada al mismo tiempo que asqueada. Tras esa capa de piel comienza a brotar una armadura negra como la mismísima oscuridad, sigue haciendo esto por todo el cuerpo hasta que forma una armadura completa de cuyas articulaciones emergen unas púas de unos diez centímetros.
-Eres asqueroso, en todos los sentidos. –Le aclara. –Vamos, saca tu arma.
Snifliber comienza a hacer un movimiento con la cabeza, como si vomitara y de su boca aparece una serpiente de color blanca pequeña, del tamaño de un par de manos, la recoge y de su boca sale un filo de color rojo al mismo tiempo que se empieza a transformar en una espada ancha, quedando en la cruceta la cabeza de la serpiente y como mango el cuerpo de la misma.
-Ya estoy listo. –Coge la espada con las dos manos y no aparta la mirada de ella.
-Cuando quieras. – Pone la espada en posición horizontal delante de ella sujetándola con ambas manos.
Pasan unos segundos, con el sonido tenue del agua de fondo. Los dos están midiendo la fuerza del adversario. Con el sonido de una gota de agua que cae de la mano de Deilia empieza el combate. Las dos espadas chocan incesantemente, en cada golpe se desprende una chispa que marca las siluetas de sus cuerpos en la pared de piedra. Snifliber consigue golpear a Deilia en el brazo pero no queda más que un simple rasguño, acto que ella aprovecha para intentar golpearle en el costado pero consigue pararlo y quedan uno enfrente del otro, rostro con rostro.
-En el fondo eres una monada. –Saca la lengua bífida con un movimiento rápido.
-Ganas mucho más en serpiente. –Le responde con una sonrisa.
Deilia le da un cabezazo aprovechando que ella si tiene yelmo, Snifliber retrocede unos pasos con un chillido muy agudo y llevándose una mano a la cara.
-Me has hecho sangrar. –Se mira la mano ensangrentada, entonces la mira a ella. –Hacía mucho que no me divertía tanto, pero me toca ganar a mí.
Se lanza sobre ella con unos golpes muy temerarios pero tan fuertes que no logra recomponerse para contraatacar y cada vez retrocede más, llega hasta la pared y entonces él se dispone a asestar un golpe en el pecho de ella, pero se lanza hacia un lado, chocando la espada contra la pared. Con un giro de su cuerpo como si de una danza se tratase, sujetando el arma con una sola mano le da un corte en la mano derecha, con la que sujetaba la espada, cortándole dos dedos y logrando que suelte el arma. Los chillidos de Snifliber resuenan en toda la gruta y la sangre baña toda la espada en el suelo.
-¡Eres una desgraciada! –Grita mientras cubre con su otra mano la mano herida. –Para de una vez, no conseguirás nada matándome, solo alimentar tu ego.
-No intentes convencerme, tú mataste a más de trescientos aldeanos, torturaste a decenas de ellos y mataste a mis amigos. –Empuña la espada con las dos manos. –No aceptaré piedad de ti.
Le asesta un golpe en el pecho, que él intenta evitar pero le golpea en el hombro izquierdo, clavando su filo plateado por aquella armadura, ella hace más fuerza y la espada sigue hendiendo, hasta que logra cercenar el brazo entre los quejidos de él.
-Ahora morirás por todas aquellas vidas que te has llevado. –Dice mientras se aleja dándole la espalda, cerrando el puño en su corazón rememorando aquellos tiempos que pasó con sus amigos.
-¡Deilia eres una idiota! –Se abalanza sobre ella con un puñal en la mano.
Deilia se gira, le da una patada para alegarlo y con otro giro magistral de su cuerpo dirige un ataque contra su cabeza, cortándosela a la altura de la mandíbula. Todo se llena de sangre, el suelo, la armadura, su cara... suelta el arma, se hecha al suelo y comienza a llorar.
-Juro que exterminaré a todo caballero del caos que me encuentre, ¡no dejaré a ninguno con vida!

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