Una de las
cuevas más oscuras de todo el territorio, las paredes parecen
excavadas por unas criaturas grandes pues se nota las marcas de las
garras en ellas. La humedad aumenta cuanto más profundo se avanza al
igual que la oscuridad envuelve todo rastro de luz.
Por aquella
gruta camina sola una joven humana de pelo largo oscuro, vestida con
una armadura de mallas. Su yelmo de color plateado está abierto y
permite mostrar sus ojos color ámbar iluminados por la antorcha que
porta en la mano izquierda y en la derecha lleva consigo su espada
más preciada. La hoja de aquella arma es de color plateado, la
cruceta está formada por la parte superior de un fénix con las alas
extendidas, dejando la cola por la parte inferior del mango hecho de
cuero de gran calidad.
Sigue avanzando
con paso firme y con mucho cuidado ya que el suelo podría resbalar.
A lo lejos ve una luz, una luz que ella identifica como una antorcha.
-¿Mareen,
Jorgang, Yuhonz? ¿Sois vosotros? -Dice en voz alta. -Moved la
antorcha. –El eco de la gruta la asombra.
Continúa en
dirección a la luz, ve claramente el foco de luz y que éste
comienza a moverse.
-Son ellos.
-Piensa al mismo tiempo que acelera su paso. Llegando a una
bifurcación y en el suelo hay un elfo joven, de media melena y ojos
azules, con una armadura de cuero, tiene ensangrentado todo el pecho.
Sujeta con la mano derecha una antorcha y cerca de la otra una daga
manchada de sangre.
La chica suelta
su antorcha y envaina la espada, entonces se acerca a él.
-Jorgang ¿qué
ha pasado? –Está muy asustada buscando la herida.
-Yo ya estoy
muy mal, debes salir de aquí. –Le responde con una voz
entrecortada.
-Podemos
curarte, saldrás de esta. –Le quita la antorcha y le sujeta
fuertemente la mano.
-Deilia…
–Tras nombrarla tose y de la comisura de los labios comienza a
salir un poco de sangre.
-No hables,
cuando encontremos a los demás podremos curarte, no te preocupes.
–Mira a ambos lados de la bifurcación buscado algún rastro de sus
compañeros.
-No, no están…
-Le cuesta hablar y cada vez lo hace más débil. –Están todos
muertos, él los mató.
-No puede ser,
erais tres contra uno. –Chilla Deilia sin creerse lo que le cuenta.
-¿Recuerdas?
Nos separamos así porque tú eras la más fuerte y podías ir tu
sola. -Comienza a cerrar los ojos lentamente.
-¡No, no
cierres los ojos! –Las lágrimas brotan de sus ojos, caen por su
cara y gotean en el cuerpo de Jorgang. -¡He dicho que abras los
ojos! –Le sacude el cuerpo como un intento inútil pues ya ha
dejado de respirar.
Llora de
impotencia y de miedo pues ha perdido a todos sus compañeros y de
nuevo está sola en la vida.
Tras un momento
de silencio respira hondo y se pone en pié. –No puedo llorar
ahora, ese impresentable sigue suelto, me da igual que se esconda en
una cueva, daré con él y le haré pagar por lo que ha hecho, por
los aldeanos que mató, por mis amigos. –Se seca las lágrimas,
coge de nuevo la antorcha y sin dudarlo comienza a caminar por el
camino de la derecha.
A los pocos
metros comienza a oír una corriente de agua.
-Con un poco de
suerte habrá parado para beber. –Piensa al mismo tiempo que
acelera el paso. -Aunque me habrá oído chillar, me pasaré
igualmente.
La cueva se
hace cada vez más amplia hasta dar con una gran estancia por la que
fluye un pequeño río que la separa en dos, partiendo de la pared
sur y marchando hacia la pared del este. En la pared norte, hay otro
camino que continua descendiendo hacia la oscuridad. Deilia se acerca
al pequeño riachuelo, tira una piedra en él y alumbra con la
antorcha para ver la roca caer. Duda que sea muy profundo, mete el
brazo derecho en el agua, está muy fría, y a la altura del
antebrazo toca el fondo, justo lo que esperaba, saca la mano y cruza
despacio al otro lado, no llegando a mojarse ni las rodillas.
Baja la
antorcha a sus pies para ver el camino, hay marcas de agua que se
adentran por la zona norte.
Conforme avanza
escucha los ecos de sus pasos pero, hay un ruido parecido a un siseo
que le perturba pues en la zona en la que están no hay serpientes.
Llega a una parte de la gruta más ancha y continua escuchando ese
sonido, se gira rápidamente y cuando la luz de la antorcha se vuelve
estable ve como una serpiente de unos tres metros de largo se acerca
a ella.
-¿Primero me
evitas y ahora apareces? –Dice mientras mira a la serpiente y
desenvaina su espada.
La serpiente
comienza a elevar la cabeza y a ponerse erguida, de su cuerpo le
brotan unos bultos que cada vez se hacen más grandes formando lo que
parece un cuerpo humanoide desnudo, de pelo largo negro y orejas
puntiagudas, dejando tras de si su aspecto de serpiente salvo por los
ojos y la lengua.
-Snifliber, por
fin te encuentro, pagarás todo lo que has hecho. –Expone Deilia al
mismo tiempo que suelta la antorcha. –No te lo mereces pero haremos
un combate justo, ármate.
-Como deseéis.
–Su mirada es penetrante, no parpadea.
Esboza una
mueca mientras pega sus manos a sus hombros y arranca trozos de su
piel, Deilia está sombrada al mismo tiempo que asqueada. Tras esa
capa de piel comienza a brotar una armadura negra como la mismísima
oscuridad, sigue haciendo esto por todo el cuerpo hasta que forma una
armadura completa de cuyas articulaciones emergen unas púas de unos
diez centímetros.
-Eres
asqueroso, en todos los sentidos. –Le aclara. –Vamos, saca tu
arma.
Snifliber
comienza a hacer un movimiento con la cabeza, como si vomitara y de
su boca aparece una serpiente de color blanca pequeña, del tamaño
de un par de manos, la recoge y de su boca sale un filo de color rojo
al mismo tiempo que se empieza a transformar en una espada ancha,
quedando en la cruceta la cabeza de la serpiente y como mango el
cuerpo de la misma.
-Ya estoy
listo. –Coge la espada con las dos manos y no aparta la mirada de
ella.
-Cuando
quieras. – Pone la espada en posición horizontal delante de ella
sujetándola con ambas manos.
Pasan unos
segundos, con el sonido tenue del agua de fondo. Los dos están
midiendo la fuerza del adversario. Con el sonido de una gota de agua
que cae de la mano de Deilia empieza el combate. Las dos espadas
chocan incesantemente, en cada golpe se desprende una chispa que
marca las siluetas de sus cuerpos en la pared de piedra. Snifliber
consigue golpear a Deilia en el brazo pero no queda más que un
simple rasguño, acto que ella aprovecha para intentar golpearle en
el costado pero consigue pararlo y quedan uno enfrente del otro,
rostro con rostro.
-En el fondo
eres una monada. –Saca la lengua bífida con un movimiento rápido.
-Ganas mucho
más en serpiente. –Le responde con una sonrisa.
Deilia le da un
cabezazo aprovechando que ella si tiene yelmo, Snifliber retrocede
unos pasos con un chillido muy agudo y llevándose una mano a la
cara.
-Me has hecho
sangrar. –Se mira la mano ensangrentada, entonces la mira a ella.
–Hacía mucho que no me divertía tanto, pero me toca ganar a mí.
Se lanza sobre
ella con unos golpes muy temerarios pero tan fuertes que no logra
recomponerse para contraatacar y cada vez retrocede más, llega hasta
la pared y entonces él se dispone a asestar un golpe en el pecho de
ella, pero se lanza hacia un lado, chocando la espada contra la
pared. Con un giro de su cuerpo como si de una danza se tratase,
sujetando el arma con una sola mano le da un corte en la mano
derecha, con la que sujetaba la espada, cortándole dos dedos y
logrando que suelte el arma. Los chillidos de Snifliber resuenan en
toda la gruta y la sangre baña toda la espada en el suelo.
-¡Eres una
desgraciada! –Grita mientras cubre con su otra mano la mano herida.
–Para de una vez, no conseguirás nada matándome, solo alimentar
tu ego.
-No intentes
convencerme, tú mataste a más de trescientos aldeanos, torturaste a
decenas de ellos y mataste a mis amigos. –Empuña la espada con las
dos manos. –No aceptaré piedad de ti.
Le asesta un
golpe en el pecho, que él intenta evitar pero le golpea en el hombro
izquierdo, clavando su filo plateado por aquella armadura, ella hace
más fuerza y la espada sigue hendiendo, hasta que logra cercenar el
brazo entre los quejidos de él.
-Ahora morirás
por todas aquellas vidas que te has llevado. –Dice mientras se
aleja dándole la espalda, cerrando el puño en su corazón
rememorando aquellos tiempos que pasó con sus amigos.
-¡Deilia eres
una idiota! –Se abalanza sobre ella con un puñal en la mano.
Deilia
se gira, le da una patada para alegarlo y con otro giro magistral de
su cuerpo dirige un ataque contra su
cabeza, cortándosela a la altura de la mandíbula. Todo se llena de
sangre, el suelo, la armadura, su cara... suelta
el arma, se hecha al suelo y comienza a llorar.
-Juro que
exterminaré a todo caballero del caos que me encuentre, ¡no dejaré
a ninguno con vida!
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