martes, 31 de julio de 2012

El Monstruo


Necesitaba estar solo, él se dirigía a su habitación, a su oscura morada, lugar donde la luz que entraba era absorbida por el ambiente de aquella estancia.
Entra despacio, cerrando la puerta tras de si, con una lágrima en su rostro, el dolor que le aflige ya es prolongado. Le empieza a faltar la respiración, en la oscuridad de aquél lugar empiezan a surgir unas luces, que toman forma de personas, eran las personas a lo largo de su vida le han hecho daño, la habitación parecía enorme, de la cantidad de personas que aparecen allí. Comienza a llorar, necesita aire, ser libre, pero no le dejan, aquellos que le golpearon vuelven a hacerlo, golpes incesantes en la espalda, el estómago, la cara, sus brazos, vuelve a sufrir cada uno de los golpes, no aguanta, y empieza a llorar.
Cae al suelo derrotado, humillado, físicamente no es nadie y de su alrededor comienza a aparecer un aura azul marino, de poca intensidad. Las personas se ríen de él, cada una de las personas que le hicieron creer amistad, solo para burlarse de él, continuaban haciéndolo, a carcajada limpia, señalándole, mofándose de él. Sus lágrimas tornan a sangre, ya no quedan lágrimas en su cuerpo, el aura de su alrededor se vuelve violeta, cada palabra que dicen, cada acto que hacen, daña su corazón, no puede más, golpea el suelo con sus puños, de la impotencia.
De la multitud, aparecen aquellas personas que quiso y amó, de esas personas, salen rechazos, le repudia, no quieren saber nada de él, es raro, jamás será un hombre, jamás llegará a nada, jamás tendrá a nadie. Estas palabras, estas palabras son las que definitivamente, le destruyen, su corazón ya no precisa amistad, felicidad, tristeza, afecto, optimismo, confianza, esperanza, deseo… el aura cambia a negra… y le engulle, se alza, en su rostro ninguna expresión, el aura desaparece, pegándose a él, sus ropas se vuelven negras, opacas, no reflejan la luz, mira a cada una de las personas que le destrozaron la vida –Combatiré el mal, con el mal- las únicas palabras que pronuncia, las suficientes para que esa gente, desaparezca –Ninguno merecéis nada, ni yo-… ahora y desde entonces, su corazón solo ha albergado una cosa: Odio.

lunes, 30 de julio de 2012

En una tormenta


Está fuera, en la calle, con el mundo, todo es complicado, todo es difícil, ¿qué hacer?
El tiempo pasa y no ha hecho nada, el tiempo corre y solo sufre. Su destino es estar solo, como el descampado que pisa ahora, el cielo empieza a cerrarse, las nubes bloquean su visión de la Luna y las estrellas, ¿qué sentir, qué hacer? Allí se encuentra, mirando las nubes negras que hay sobre él, los truenos presagian lo evidente y comienza a llover, con fuerza, las gotas de agua rebotan en su rostro, en su cuerpo, en su alma.
La lluvia, que tantas veces le ayudó, ahora destroza su coraza, le debilita, por mucho que luche, es inútil y cede ante su poder. Su corazón llora, sus ojos le delatan, quiere saber qué pasa, por qué tantos corazones para un solo amar. La nube vuelve a dar avisos, otro trueno, la luz producida le ciega; sin coraza y cegado, solo esperar queda, esperar sin obtener resultados.
Se levanta viento, éste, mueve su ropa, su pelo y hace que sus lágrimas vuelen por todo el lugar, si quería luchar, ahora no puede, no puede vencer al viento, no puede derrotarlo, golpea directamente su corazón.
Sigue en pie, le hace frente a todo, aunque ame ese todo. Tiene frío, sin coraza y sin poder moverse, al agua y el viento está destruyéndole poco a poco. Otro trueno, el sonido penetra en sus oíos y le ensordece, ahora no ve los relámpagos y no escucha los truenos, está a merced de todo, ha de luchar con su corazón, el cual está siendo bombardeado. Solo puede esperar, no comprende sus sentimientos, luego su corazón ahora es débil y no puede seguir luchando, ha de esperar, esperar que alguien le ayude, él no pide jamás ayuda y ahora menos que lo único claro en él, es su final, el que tanto anhela hace tiempo, con el que sueña.
La nube continua, destrozándole por completo, solo puede esperar, solo puede esperar a la verdad.

martes, 24 de julio de 2012

#2 - Estancia


Fue una pesadilla, tuvo que serlo, los moratones que tengo en los brazos, quizá me los hiciera durmiendo, intentado huir de ese sueño –Si es eso solo un sueño, solo un sueño…- en mi cabeza quedan ecos de las pesadillas vividas, en mi casa tengo víveres para cuatro días más, ya estoy dos sin salir de casa, tengo miedo de todo, apenas puedo dormir y de vez en cuando repito la misma frase para calmarme: -Solo ha sido un sueño…-.
Estoy muy nervioso, sentado día y noche en una esquina de mi habitación, mirando la pantalla del ordenador, con el procesador de textos en blanco y el cursor parpadeando, tengo tanto miedo que no puedo ni escribir; mis tripas rugen, tengo hambre, pero la nevera queda lejos y no puedo salir al pasillo solo, de nuevo rugen, he de comer, ayer apenas probé bocado, me pongo en pie, despacio, ya que de estar sentado horas, me mareo. Frente a la nevera, miro a todos lados, -¿Ves?, todo un sueño…-, la abro y cojo un poco de embutido, me da igual, cojo la barra de pan (dura, ya pues estoy sin comparar pan 2 días) y me preparo un bocadillo, una vez terminado vuelvo a la nevera y cojo un zumo de piña fresquito, -¿Puedo pegar un bocado?- Un escalofrío recorre mi cuerpo, vuelve esa voz, esa mujer, solo con oírla empiezo a llorar, cierro la puerta de la nevera de un portazo, y miro hacia la mesa, y allí estaba, sentada en mi sillón favorito, y con una voz dulce pero exigente dice  –No te asustes, no llores, solo quiero que lo saques todo… que lo saques todo-, tengo mucho miedo, entre lágrimas y con un pesar enorme solo me sale un chillido -¿¡Qué queréis!?-, caigo de rodillas entre lágrimas, apenas veo, no lo soporto, ¿estaré loco?, ¿es una casa maldita?, solo quiero que acabe.
La mujer se acerca a mí lentamente, -No me obligues a hacerlo yo…- su tono ahora es más serio, alzo la mirada y la tengo frente a mi, con la voz tomada, que duele pronunciar una palabra -¿Qué queréis?- la mujer calla unos instantes… -La verdad y no debes ofrecer resistencia ¿vale?- se pone a mi altura, pasa la mano tras de si, como buscando algo, mientras que la otra se apoya en mi hombro -Esto, no te dolerá- de la mano que tenía tras ella, saca un cuchillo de mi cocina y comienza a agitarlo con fuerza hacia mí, forcejeo con ella, pero es más fuerte que yo y logra cortarme en el antebrazo derecho, le doy una patada haciéndola caer de espaldas voy a salir corriendo pero al mirar de nuevo, ella no estaba, caigo al suelo rendido, llorando y sangrando por el brazo, comienzo a verlo todo borroso, y caigo de bruces.
Me despierto en mi habitación, cansado y hambriento, miro mi antebrazo rápidamente, pero no hay nada salvo lo que parece un pequeño picotazo en él a la altura del codo, sonrío, a sido todo un sueño, siempre me pican los mosquitos sea la fecha que sea,
-Estoy cargado de ánimo, voy a desayunar-, me levanto, entro al cuarto de baño, me lavo la cara, me hecho desodorante –Ya me ducharé luego- le digo al reflejo de mi espejo que esboza una sonrisa tan grande como la mía. –Me apetece unas tostadas, un zumo, leche… <suspiro> tengo mucha hambre jajaja- abro la puerta de la cocina, y mi cara torna por completo, en la soledad de la cocina, encima de la mesa, hay un bocadillo y en el suelo, unas manchas de sangre, ¿¡Qué esta pasándome!?

lunes, 23 de julio de 2012

La enmienda


Era media mañana, estaba nervioso, el frío de aquél 17 de Febrero hacía temblar mi cuerpo, nunca he hecho esto, siempre fue diferente, esta vez, tengo dar todo de mi, tengo que hacerlo, e de ser un héroe, todo está en mis manos.
Me dirijo lentamente a mi objetivo, vestido de traje y corbata, portando un gran maletín, veo mi objetivo, un edificio de 12 plantas, hecho completamente de cristal, entro por la puerta, saludo a todo el mundo, como si no pasara nada. Frente al ascensor, antes de pulsar el botón para llamarlo, me quedo en blanco, como método de autodefensa, dudo de lo que tengo que hacer, dudo de lo que voy a hacer, respiro hondo y pulso el botón.
Una vez dentro, estoy solo, no hay nadie más, me preparo para ir al piso número 11, al abrirse la puerta, pasa una pareja joven por delante de mí, sonrientes y acaramelados, una sonrisa sale de mi, quizá verles me relajara pues tenía una gran responsabilidad sobre mis hombros, me dirijo a la habitación 1113, saco la llave abro la puerta, entro y cierro tras de mi, colgando el cartel de “no molestar”, dejo el maletín sobre la cama, miro por la ventana, hace un gran día.
Abro el maletín, en él hay un plástico trasparente muy grande, comienzo a cubrir la habitación, no sin antes ponerme unos guantes de látex, todo está cubierto ahora, me siento en la cama, mirando a la nada, pasa el tiempo, miro el reloj, -Ya es la hora- digo con un tono de desánimo, quito el doble fondo a mi maletín, saco la pistola dejándola encima de la cama y comienzo a armar mi rifle, tranquilamente, pensando en que debo hacerlo, que no hay otra salida, me postro en la ventana, en un punto en el que no se me distingue apenas, calibro el rifle con las referencias de aire, posición, distancia… no puedo fallar, apunto a la ventana del edificio de enfrente, se ve una sala de estar, por el ángulo solo veo una mesa de trabajo, con unos papeles y un portátil, lo necesario para poder ver mi objetivo.
Al poco tiempo, una mujer joven, se sienta en una silla, y enciende el portátil, es ella, mi objetivo, tomo nota de los datos necesarios para el disparo, solo puede ser uno, no puedo fallar. Justo antes de disparar veo algo por el visor, la chica se gira, -¿Con quién habla?, tendría que estar sola, mierda- se complica la cosa, pero debo hacerlo, estoy perdiendo tiempo y la oportunidad, apunto a su cráneo mientras aguanto la respiración, y disparo, la bala, vuela por toda la calle, rompe el cristal e impacta en la chica, en su cabeza, entrando por su sien y saliendo por su oído opuesto, definitivamente está muerta, se escuchan chillidos, llantos, pero parece que no es de una persona adulta, una niña aparece por la ventana, sacude a su madre, pero esta no se mueve, -¿Qué he hecho?- la culpa inunda mi cabeza, era ella, ella era quien tenía que morir, pero nadie me dijo nada de una niña, dejo caer mi rifle al suelo, no entiendo nada, del maletín saco los papeles de la información, -No pone nada, no tiene una hija, ¿quien es esa?- comienzo a estresarme y suenan sirenas, tengo que irme, recojo el casquillo, desmonto mi rifle y recojo todo el plástico, algo ha salido mal, tras cerrar el maletín, no puedo reprimir las lágrimas y caigo sobre la cama, -Me dijeron que era ella, su foto, su vida, todo concuerda, todo menos esto- puedo lograr decir entre lágrimas y en voz alta, no puedo reprimirlo. –He… he destrozado una familia, pensé que sería diferente, pensé que sería para salvar vidas, pero he arruinado la vida de una niña-. Las sirenas suenan más fuerte, están en la calle, me siento en la cama, miro mis manos, las veo manchadas de sangre, manchadas de vida, abro de nuevo el maletín, guardé allí la pistola, la miro detenidamente, -Una familia, por otra- Coloco la pistola en mi sien y entre lágrimas, disparo.
Debí esperar, los titulares de los periódicos hicieron eco de todo lo sucedido, “Una narcotraficante muere de un disparo en la cabeza…”, “La hija del jefe del cuerpo antidroga de la ciudad estaba secuestrada por una narcotraficante…”, “Un joven aparece muerto en una habitación de un motel a las afueras, todo indica que se suicidó por su difícil situación personal…” Al parecer, para todo, hay que apostar y esperar a ver los resultados…

martes, 17 de julio de 2012

Un nuevo día


Me dirijo a mi casa, es noche cerrada, luna menguante y apenas se ven estrellas por las luces de la ciudad, corre aire fresco a pesar de ser verano, mi casa está lejos y tengo ganas de dormir, un sueño invade mi cuerpo, será de tanta fiesta.
Siento la necesidad de pararme, no sé, lo necesito, siento como el viento mece mi cuerpo y acaricia mi pelo, me siento cómodo, voy a seguir mi camino a casa pero no me deja, algo me lo impide, no puedo mover los pies, pesan mucho los miro, pero no hay nada, siento un enorme dolor en las piernas, me levanto los pantalones, tengo unas manchas negras y no paran de crecer, las toco pero no pasa nada, sigue el dolor y no puedo remediar chillar, las manchas continúan creciendo, uniéndose entre sí, subiendo por mis rodillas, ya no puedo sentarme ni girar las piernas, no sé que está pasando pero el dolor persiste.
En mi cabeza escucho lamentos, chillidos y llantos, de muchas personas y de muchas edades, casi no oigo ni mis pensamientos todo empeora, solo sé que chillo y no cesa nada. La mancha cubre ya desde mis pies hasta mi abdomen y sigue extendiéndose, las voces comienzan a atenuarse a ponerse en segundo plano, ahora escucho el viento, escucho las olas del mar, no entiendo nada, no me quedan fuerzas para chillar, creo que solo queda mi cara por cubrirse de esa extraña mancha, ya que no puedo moverme para comprobarlo. Los lamentos cesan así como el dolor, ya no puedo moverme, pero si respirar, comienzo a ver un campo precioso, verde, con árboles, un riachuelo y unas montañas nevadas al fondo, es precioso.
Me siento muy cómodo, poco a poco surge una voz, ambigua pero preciosa, mientras habla, no soy capaz siquiera de pensar hablar o interrumpir –¿Ves esto?, cada instante de mi existencia sabía que terminaría, cada segundo, minuto, ¡cada año!, he sufrido, nadie puede comparar esto y menos vosotros, que alimentáis el sufrimiento, la violencia y la muerte, me da lastima quereros tanto como os quiero pero tiene que acabar, has sido el primero pero no serás el último, esto no es un castigo si no una bendición, tú siempre me amaste y ahora formarás parte de mi, no eres humano y lo sabes, tú aceptaste la parte animal, no todos pueden soportarlo, la única pega, es que verás sufrir a más gente como tú, verás morir el mundo a tu alrededor y verás nacer vidas que tú arroparás con tu nueva vida, adelante no te preocuparás por nada y siempre me tendrás- estas palabras me hacen llorar, ya no veo el paisaje aquél, si no la calle de nuevo, creo saber lo que ha pasado, pero necesito dormir, miro mis brazos mis piernas, ya no hay rastro de esa mancha negra, comienzo a andar pero no coordino bien mis pasos y me caigo al suelo de bruces, estoy en el suelo, muy cansado, mi respiración comienza a cesar, veo luces, está amaneciendo pero no es posible –Bienvenido a mi, siente la vida de este mundo, siente la vida de este planeta, ahora serás lo que siempre fuiste, un lobo, pero un lobo libre, espero que disfrutes, los demás no lo harán- contemplo árboles, rocas, tierra, nada de luces ni calles, me siento a gusto y feliz, ahora soy yo ahora formo parte de Gaia y sé su poder, temed aquellos que jamás la amasteis.

jueves, 12 de julio de 2012

Origen

La brillante luz de la luna llena, ilumina cada paso que doy sobre el suelo del bosque, verde y húmedo, los sonidos que el viento hace entre los árboles al mecer sus hojas. A lo lejos oigo algo, un susurro continuo que me llama, proviene de otro lugar, al cual me dirijo tranquilamente, siento cada grano de arena, cada hoja bajo mis pies desnudos. Diviso el origen de tal sonido, un pequeño riachuelo cristalino que refleja la luna cruza la frondosidad del bosque, sed era lo que tenía. Me acerco a beber de él pero, oigo algo más entre los árboles, me giro, de ellos aparece un lobo, negro, con ojos dorados que no para de mirarme, como respeto, me aparto, tras esto, el lobo se acerca al agua y bebe de ella, sin darme tiempo a reaccionar, la entidad oscura se aleja, vuelvo mi cuerpo de nuevo al riachuelo y comienzo a beber, noto algo cerca, miro al frente y no uno, si no dos lobos más están bebiendo, me giro y comienzan a venir dos más, despacio, sin molestarse con mi presencia, uno de ellos trae algo en su boca y lo deposita enfrente de mí, una liebre muerta. A pesar de todo aquello, no me asusto al contrario, estoy cómodo, me siento protegido. Sin pensármelo dos veces cojo la liebre y muerdo en ella, está bueno y continuo comiendo, los lobos me miran y comienzan a aullar, se acercan, me huelen y me lamen la cara, me siento uno de ellos, me siento de su familia, creo formar parte de su camada.

martes, 10 de julio de 2012

#1 - Estancia


Otra noche típica de verano caluroso, yo duermo con la ropa interior, mi habitación es grande, a la derecha tenía mi escritorio con el ordenador junto a la cama, al fondo una ventana con cortinas azules abierta pasando el poco aire fresco que hace por las noches, a la izquierda, un pequeño armario en el que guardaba la ropa y un mueble que ocupaba el resto de la pared con libros, mangas, miniaturas y carcasas de videojuegos, los cuales, estoy ordenando.
Me siento solo, creo que me pondré a escribir en el ordenador, la pantalla blanca del procesador de textos me da más sueño aún y no surge ninguna historia que escribir. Miro el reloj que proyecta en el techo la hora, llevaba 3 horas mirando a la nada y ya eran las 4:12 de la mañana, creo que es hora de dormir.
Hace más frío que de costumbre. El del tiempo no falló. Dejo la puerta abierta para que corra más el aire y echo hacia atrás la cubierta y la sabana de mi cama, me quito las zapatillas y me tumbo de un salto en la cama, vale, quizá no debiera haberlo hecho, podría haber despertado a alguien, pero no se quejó nadie, ergo, todos estaban durmiendo.
Ya corría aire suficiente, abrí los ojos, miré al techo donde estaba la hora reflejada y marcaba las 4:13, (¿solo un minuto?), el calor me haría desvariar, cerré la puerta y el aire dejó de correr, pero la sensación de frío permanecía, me giré para cerrar la ventana y allí estaba, una mujer entrada en edad, vestida con un camisón beige, pelo largo hasta la cintura, delgada y con gran cantidad de arrugas, sus ojos eran negros con la misma noche, no supe que hacer, me quedé paralizado, instintivamente, me solté un guantazo y me dolió, cuando abrí los ojos después de semejante golpe, ella no estaba.
Era un sueño, de eso estaba seguro, ya han pasado 3 días y no ha vuelto a ocurrir, la noche de ayer se parecía a la misma en la que sucedió aquello, pero no pasó nada, mejor así.
Estoy cansado y quiero dormir. Esta vez es temprano, el reloj marca las 00:15 y ya he escrito lo suficiente en mi diario, mañana más.
Qué bien estaba durmiendo, el ruido de los grillos de fondo el airecito en mi cuerpo, parecía una noche de primavera, oigo un ruido, quizá sea un mueble, siempre crujen, me levanto, no veo nada en mi habitación, eso es bueno. Me dirijo a la cocina, ya despierto, voy a beber agua, enciendo la luz y abro la nevera, saco la botella más fría y allí mismo me pongo a beber, tan fresquita, que bien sienta por la noche. Me da por girar la cabeza, eso que hace el ser humano por instinto, y allí sentada en una silla de la cocina está esa figura, aquella mujer, mirándome, suelto la botella y salgo corriendo pero algo me impide salir de la cocina, no puedo, y se está acercando, no sé ya ni qué siento. Se acerca lentamente, me doy otro golpe como la última vez y me siento en el suelo impotente, aterrado, esta vez no desaparece, tengo mucho miedo, tantas películas para qué,¿ de qué sirvieron?, quiero chillar pero no me sale la voz, ya está muy cerca, se inclina hacia mi necesito huir, ¡Qué es esto!, alarga su mano hacia mí, y mi acto reflejo es apartarla, pero, no me lo creo, ¡la puedo tocar!, ahora me siento fuerte, la empujo hacia el suelo, pero no emite sonido alguno, salgo corriendo hacia mi habitación, pero, en el pasillo, hay un hombre joven, alto, con buena forma física, moreno, con el pelo largo hasta el cuello, vestido con harapos sucios, contra este no puedo, me doy media vuelta, me dirijo a salir de mi casa, pero otro hombre más bajo que yo, pero imponente, este también era muy viejo .¿Qué leches estaba pasado?. Entre los dos intentan cogerme, mientras la mujer incorporándose me mira fijamente. Con el contacto de estos hombres, caigo inconsciente, me despierto en mi cama, sudando y miro el reloj marca las 00:16, todo a sido una pesadilla, pero los hematomas en los brazos no dicen lo mismo.

domingo, 8 de julio de 2012

¿Quién soy?


Desde siempre, me sentí diferente, no “especial”, diferente en el sentido: “es tan normal que asusta”.
Un niño tímido, bromista y gracioso, inteligente, imaginativo, mentiroso… como todos los niños, pero es ahora cuando me doy cuenta de todo, desde los 4 años, mi vida se ha basado en una mentira. Desde pequeño en cada frase incluía una mentira, luego, me inventada datos he historias para corroborar mis hechos, más tarde esas historias servían para hablar, tenía que decir algo, lo sentía, si no mentía no era nadie, nunca lo fui.
Mas tarde, empeoró la situación, hubo una temporada que recuerdo no decir una sola verdad en días, comencé a aislarme más, todo era muy fácil si mentía, conseguí mucho así, demasiado, generé una parte de mi que jamás controlé.
Con el paso del tiempo, las mentiras continuaron y conocer a mis actuales amigos fue lo mejor y lo peor que me ha pasado. Era tímido, pero observaba, aprendía, me adaptaba y finalmente me convertí en lo que soy, un embaucador. Tanta confianza en mi y en mis mentiras provocaba que todos se las creyeran, que siempre funcionaran, además, no saben mi pasado ¿qué podía pasar?
Comencé a controlar eso, ser yo en un mundo nuevo era una oportunidad única, de probar hasta qué punto era bueno en esto. Todo fue avanzando, era sencillo, si me lo proponía conseguía lo que quería y a quien quería.
Todo iba bien, hasta que apareció ella, fue bonito el poco tiempo que disfrutamos, pero eso se terminó y yo solo quería que fuera feliz, pero después, empezó a destrozar su vida, más alcohol, drogas quizá y a lo que ella llamaba “vivir la vida” que consistía en: “con quien tenga reputación, me lo llevo para el sillón”, me jodió mucho eso, destrozaba su vida por querer disfrutarla, yo quería que fuera feliz pero sabía como podía acabar ella.
Fue a peor, “no quiero que destroces tu vida, yo soy la solución”, esta fue mi filosofía que desconocía hasta hace poco, cuando alguien me gustaba hacía ver que yo era perfecto claro, con tanta práctica, funcionaba. Tras lo de esta chica me aparté del mundo de las mentiras, pero en mí quedo ese aspecto del embaucador, ese dogma de “soy bueno, soy el mejor”, sigo teniendo esa filosofía, pero no la aplico así, menos mal la verdad, ya he visto tres chicas que destrozaron su vida, el problema es que fue tras de mi, y siempre me planteé si era yo, si era yo el problema, si yo era quien destrozaba sus vidas… aún sigo con la duda.
Ahora, antes de ser como soy ahora, antes de darme cuenta de todo esto, quería conocer gente, total, que sirviera de algo todo lo que aprendí, y empecé a conocer a dos chicas, simultáneamente, y a gustarme simultáneamente, una con una relación complicada, lo que me disuadió de intentar algo con ella (aún sintiendo algo), de hecho, ella me ayudó a lanzarme, conociendo a quien es la chica que amo. Lo peor de todo, conocí otra persona, con la cual en poco tiempo entablamos amistad, pero sentía la necesidad de querer más, ahora se acabó todo esto, me dí cuenta que jamás fui una persona, si no un monstruo, lo necesitaba todo de todos, envidiaba todo de todos y yo era la solución, me arrepiento de todo esto y sé que al final tengo (aunque dudo que siga así) unas amigas, las tres mejores amigas que podría tener algo, confío ciegamente en ellas y lo daría todo porque sean felices, pero, esta vez sin mi, aprendí la lección y a escuchar mi corazón, que ahora está ocupado y espero que lo esté siempre de la persona que amo, de mi Musa.
Me arrepiento de toda mi vida y creo que todo aquél que me conozca (o eso crea), debería leer esto, soy un monstruo si, pero que destroza sus raíces y destroza su coraza, para dejar paso a una nueva vida. Dudo que con las mismas personas, aunque sería lo mejor de todo, poder empezar de nuevo con la gente que quiero y la persona que amo.
Ya no soy un monstruo, soy yo.