martes, 24 de julio de 2012

#2 - Estancia


Fue una pesadilla, tuvo que serlo, los moratones que tengo en los brazos, quizá me los hiciera durmiendo, intentado huir de ese sueño –Si es eso solo un sueño, solo un sueño…- en mi cabeza quedan ecos de las pesadillas vividas, en mi casa tengo víveres para cuatro días más, ya estoy dos sin salir de casa, tengo miedo de todo, apenas puedo dormir y de vez en cuando repito la misma frase para calmarme: -Solo ha sido un sueño…-.
Estoy muy nervioso, sentado día y noche en una esquina de mi habitación, mirando la pantalla del ordenador, con el procesador de textos en blanco y el cursor parpadeando, tengo tanto miedo que no puedo ni escribir; mis tripas rugen, tengo hambre, pero la nevera queda lejos y no puedo salir al pasillo solo, de nuevo rugen, he de comer, ayer apenas probé bocado, me pongo en pie, despacio, ya que de estar sentado horas, me mareo. Frente a la nevera, miro a todos lados, -¿Ves?, todo un sueño…-, la abro y cojo un poco de embutido, me da igual, cojo la barra de pan (dura, ya pues estoy sin comparar pan 2 días) y me preparo un bocadillo, una vez terminado vuelvo a la nevera y cojo un zumo de piña fresquito, -¿Puedo pegar un bocado?- Un escalofrío recorre mi cuerpo, vuelve esa voz, esa mujer, solo con oírla empiezo a llorar, cierro la puerta de la nevera de un portazo, y miro hacia la mesa, y allí estaba, sentada en mi sillón favorito, y con una voz dulce pero exigente dice  –No te asustes, no llores, solo quiero que lo saques todo… que lo saques todo-, tengo mucho miedo, entre lágrimas y con un pesar enorme solo me sale un chillido -¿¡Qué queréis!?-, caigo de rodillas entre lágrimas, apenas veo, no lo soporto, ¿estaré loco?, ¿es una casa maldita?, solo quiero que acabe.
La mujer se acerca a mí lentamente, -No me obligues a hacerlo yo…- su tono ahora es más serio, alzo la mirada y la tengo frente a mi, con la voz tomada, que duele pronunciar una palabra -¿Qué queréis?- la mujer calla unos instantes… -La verdad y no debes ofrecer resistencia ¿vale?- se pone a mi altura, pasa la mano tras de si, como buscando algo, mientras que la otra se apoya en mi hombro -Esto, no te dolerá- de la mano que tenía tras ella, saca un cuchillo de mi cocina y comienza a agitarlo con fuerza hacia mí, forcejeo con ella, pero es más fuerte que yo y logra cortarme en el antebrazo derecho, le doy una patada haciéndola caer de espaldas voy a salir corriendo pero al mirar de nuevo, ella no estaba, caigo al suelo rendido, llorando y sangrando por el brazo, comienzo a verlo todo borroso, y caigo de bruces.
Me despierto en mi habitación, cansado y hambriento, miro mi antebrazo rápidamente, pero no hay nada salvo lo que parece un pequeño picotazo en él a la altura del codo, sonrío, a sido todo un sueño, siempre me pican los mosquitos sea la fecha que sea,
-Estoy cargado de ánimo, voy a desayunar-, me levanto, entro al cuarto de baño, me lavo la cara, me hecho desodorante –Ya me ducharé luego- le digo al reflejo de mi espejo que esboza una sonrisa tan grande como la mía. –Me apetece unas tostadas, un zumo, leche… <suspiro> tengo mucha hambre jajaja- abro la puerta de la cocina, y mi cara torna por completo, en la soledad de la cocina, encima de la mesa, hay un bocadillo y en el suelo, unas manchas de sangre, ¿¡Qué esta pasándome!?

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