Fue una pesadilla, tuvo que serlo, los moratones que tengo
en los brazos, quizá me los hiciera durmiendo, intentado huir de ese sueño –Si
es eso solo un sueño, solo un sueño…- en mi cabeza quedan ecos de las
pesadillas vividas, en mi casa tengo víveres para cuatro días más, ya estoy dos
sin salir de casa, tengo miedo de todo, apenas puedo dormir y de vez en cuando
repito la misma frase para calmarme: -Solo ha sido un sueño…-.
Estoy muy nervioso, sentado día y noche en una esquina de mi
habitación, mirando la pantalla del ordenador, con el procesador de textos en
blanco y el cursor parpadeando, tengo tanto miedo que no puedo ni escribir; mis
tripas rugen, tengo hambre, pero la nevera queda lejos y no puedo salir al
pasillo solo, de nuevo rugen, he de comer, ayer apenas probé bocado, me pongo
en pie, despacio, ya que de estar sentado horas, me mareo. Frente a la nevera,
miro a todos lados, -¿Ves?, todo un sueño…-, la abro y cojo un poco de
embutido, me da igual, cojo la barra de pan (dura, ya pues estoy sin comparar
pan 2 días) y me preparo un bocadillo, una vez terminado vuelvo a la nevera y
cojo un zumo de piña fresquito, -¿Puedo pegar un bocado?- Un escalofrío recorre
mi cuerpo, vuelve esa voz, esa mujer, solo con oírla empiezo a llorar, cierro
la puerta de la nevera de un portazo, y miro hacia la mesa, y allí estaba,
sentada en mi sillón favorito, y con una voz dulce pero exigente dice –No te asustes, no llores, solo quiero que lo
saques todo… que lo saques todo-, tengo mucho miedo, entre lágrimas y con un pesar
enorme solo me sale un chillido -¿¡Qué queréis!?-, caigo de rodillas entre
lágrimas, apenas veo, no lo soporto, ¿estaré loco?, ¿es una casa maldita?, solo
quiero que acabe.
La mujer se acerca a mí lentamente, -No me obligues a
hacerlo yo…- su tono ahora es más serio, alzo la mirada y la tengo frente a mi,
con la voz tomada, que duele pronunciar una palabra -¿Qué queréis?- la mujer
calla unos instantes… -La verdad y no debes ofrecer resistencia ¿vale?- se pone
a mi altura, pasa la mano tras de si, como buscando algo, mientras que la otra
se apoya en mi hombro -Esto, no te dolerá- de la mano que tenía tras ella, saca
un cuchillo de mi cocina y comienza a agitarlo con fuerza hacia mí, forcejeo
con ella, pero es más fuerte que yo y logra cortarme en el antebrazo derecho,
le doy una patada haciéndola caer de espaldas voy a salir corriendo pero al
mirar de nuevo, ella no estaba, caigo al suelo rendido, llorando y sangrando
por el brazo, comienzo a verlo todo borroso, y caigo de bruces.
Me despierto en mi habitación, cansado y hambriento, miro mi
antebrazo rápidamente, pero no hay nada salvo lo que parece un pequeño picotazo
en él a la altura del codo, sonrío, a sido todo un sueño, siempre me pican los
mosquitos sea la fecha que sea,
-Estoy cargado de ánimo, voy a desayunar-, me levanto, entro
al cuarto de baño, me lavo la cara, me hecho desodorante –Ya me ducharé luego- le
digo al reflejo de mi espejo que esboza una sonrisa tan grande como la mía. –Me
apetece unas tostadas, un zumo, leche… <suspiro> tengo mucha hambre
jajaja- abro la puerta de la cocina, y mi cara torna por completo, en la
soledad de la cocina, encima de la mesa, hay un bocadillo y en el suelo, unas
manchas de sangre, ¿¡Qué esta pasándome!?
No hay comentarios:
Publicar un comentario